Por qué no sólo Julianne Moore se merece un Oscar por ‘Still Alice’

    Julianne Moore en un fotogram de 'Still Alice' ('Siempre Alice').
    Julianne Moore en un fotogram de ‘Still Alice’ (‘Siempre Alice’).

    En Still Alice (Siempre Alice) Julianne Moore se pone en la piel de Alice Howland, una profesora universitaria casada y con tres hijos a quien le diagnostican alzheimer antes de los 50. La película, coescrita y codirigida por el matrimonio formado por Wash Westmoreland y Richard Glatzer, está basada en el libro homónimo de Lisa Genova.

    Moore acaba de hacerse con el Globo de Oro por este papel y está en la lista de todos como la favorita también al Oscar, pero los honores para esta película no deberían acabarse ahí. Still Alice es una de esas bocanadas de aire fresco, de cine adulto y desgarrador que cada vez cuesta más encontrar en las salas.

    El codirector Wash Westmoreland y Julianne Moore.
    El codirector Wash Westmoreland y Julianne Moore.

    El equipo de la película dice estar más que satisfecho con las atenciones que la interpretación de Moore está consiguiendo para este título, que después de su proyección el Festival Internacional de Cine de Toronto consiguió distribución en Estados Unidos y empezó a sonar en las listas de favoritos en la temporada de premios. Pero es una pena que Westmoreland y Glatzer, que de hecho padece ELA y tiene que comunicarse a través de un iPad, no vayan a llevarse también alguna nominación.

    La suya es una película difícil de ver. Incómoda pero que hace que entendamos a la perfección a su protagonista principal y nos pongamos en su piel. Con ella asistimos a la primera visita al médico en la que Alice expone los problemas y lapsus de memoria que ha tenido. Mientras conversa con el doctor la cámara no se aparta ni un momento de la cara de ella, encuadrada en un primer plano en todo momento.

    A lo largo de la película Alice nos mostrará los diferentes mecanismos que ha ideado para intentar que su mente no se corrompa rápidamente: juegos de memoria que practica consigo misma mientras cocina, apuntes en su teléfono inteligente que la ayudan a no olvidar citas, incluso responde a una serie de preguntas rutinarias cada día para comprobar hasta qué punto su mente está más o menos deteriorada.

    La suya es una batalla perdida y el hecho de que se trate de una mujer tan joven, que se resiste a olvidarse de su marido (Alec Baldwin), sus hijos o una profesión que tanto le ha costado conseguir no hace las cosas más fáciles. A ratos la película puede recordar la historia de Iris, el biopic de Iris Murdoch que nos mostró la lucha de esta escritora con la misma enfermedad.

    Ver Still Alice no es fácil, su protagonista manifiesta en un momento de la película que le gustaría tener cáncer y al verla luchar contra la idea de olvidarse a sí misma entendemos por qué.

    Julianne Moore y Alec Baldwin.
    Julianne Moore y Alec Baldwin.

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