‘Marco Polo’ no es ‘Game of Thrones’, pero lo intenta

    Zhu Zhu y Lorenzo Richelmy en 'Marco Polo'.
    Zhu Zhu y Lorenzo Richelmy en ‘Marco Polo’.

    Me gusta someter a las series históricas  con pretensiones de convertirse en el nuevo must see de la temporada a un par de pruebas muy simples para ver hasta qué punto voy o no a seguirlas. Consisten en ver cuántos minutos pasan antes de que el protagonista (invariablemente cachas) se quite la camiseta por un tema más o menos gratuito y ver cuántos minutos o episodios pasan antes de que me quede dormida viendo la serie. A Da Vinci’s Demons le fue fatal con estas pruebas.

    En el caso de Marco Polo, la nueva serie de Netflix que adapta libremente para la pequeña pantalla la vida de este comerciante veneciano del siglo XXIII, la cosa fue así: la cuenta no llegaba a los diez minutos de metraje del primer episodio y Lorenzo Richelmy (el actor italiano con un punto de Adrian Grenier que da vida a Marco Polo en la serie) ya estaba luciendo pectorales (y que conste que no tengo nada contra actores que lucen pectorales en la tele o donde sea). A finales del segundo capítulo me quedaba dormida.

    Lorenzo Richelmy y Zhu Zhu en 'Marco Polo'.
    Lorenzo Richelmy y Zhu Zhu en ‘Marco Polo’.

    El tema prometía ya poco con un comienzo de primer episodio a base del típico texto introductorio para situar al espectador en la época, el contexto histórico y el por qué y dónde del momento en el que nos encontramos con los personajes. Confieso que ahí ya iba perdida. Hubo que parar Netflix. Hacer una búsqueda rápida en Wikipedia sobre el tema. Ponerse en antecedentes. Refrescar temas históricos que se supone que ya debería saber… Cuando lo de ver la tele da la sensación de estar haciendo deberes de historia, malo.

    La serie nos presenta a Marco Polo cuando éste y su padre, Niccolò, llegan a Mongolia, en pleno intento por continuar desarrollando la ruta comercial entre Asia y Europa. Niccolò acabará dejando a su hijo Marco allí como prisionero/invitado del emperador Kublai Khan, muy sediento por hacerse también con el mando de China. Marco aprenderá el idioma, recibirá clases de artes marciales y conocerá a la típica chica mona (Zhu Zhu) encargada de interpretar a su objeto de deseo.

    Sólo diré que hay cámaras lentas forzadas en las típicas escenas coreografiadas a lo Matrix en las que Marco aprende artes marciales, que lo del inglés con el acento que sea suena muy raro hablado por estos personajes y que lo de la desnudez femenina absolutamente gratuita insulta a niveles incluso superiores a Game of Thrones. A Netflix se le ve mucho el plumero en su afán por conseguir una serie a lo GoT precisamente y han intentado incluir un poco de todos los ingredientes del hit de la HBO: mitología medieval, luchas de poder, batallas, caballos, escenas de sexo, gente de muy buen ver (sobre todo mujeres en realidad) que sale con poca o nada de ropa… La diferencia es que en Marco Polo todavía no he encontrado a un Tyrion, Arya o Cersei por cuya historia esté interesada y que el guión es peor.

    En la crítica de Vulture decían que les gustaría más ver un making of sobre cómo se rodó la serie – con todo el trabajo de dirección artística, vestuario y demás – que los episodios en sí. Estoy con ellos. Dicho esto, sólo he visto los dos primeros episodios de esta primera temporada que tiene diez pero es que no ha habido gran cosa en Marco Polo que hiciera que quisiera volver a por más.

    Recordémosle a Netflix que a Kevin Spacey no hubo ninguna necesidad de meterlo en un gimnasio a régimen permanente, ni quitarle la camiseta en House of Cards y la serie nos tiene atrapados desde el principio.

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