Ese ejercicio estilístico llamado ‘Birdman’

    Michael Keaton en 'Birdman'. (© 2014 Twentieth Century Fox)
    Michael Keaton en ‘Birdman’. (© 2014 Twentieth Century Fox)

    La última película del director mexicano Alejandro González Iñárritu (Babel, 21 Grams) viene protagonizada por Michael Keaton. En ella el ex del Batman de Tim Burton interpreta a un actor venido a menos, Riggan Thompson, que en su día protagonizó una franquicia titulada Birdman y que ahora intenta recuperar fama y reconocimiento adaptando para el teatro el relato corto de Raymond Carver, What We Talk About When We Talk About Love.

    En Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), Riggan sufre los nervios provocados por una noche de estreno cada vez más cercana de la obra que protagoniza y que ha adaptado. Todo se precipitará cuando otro de los actores de What We Talk About… tiene un accidente que hace que deban cambiarlo en el último momento. El genial pero muy volátil Mike (Edward Norton) lo sustituirá provocándole a Riggan nuevos dolores de cabeza. A eso debe sumarse una hija (Emma Stone) con problemas de adicción y que le hace de asistente a Riggan a regañadientes, una compañera de reparto y amante (Andrea Riseborough) que le dice que está embarazada, otra compañera de reparto (Naomi Watts) igual de intranquila que él por su primer estreno en Broadway y una crítica teatral (Lindsay Duncan) dispuesta a destrozarlo.

    Michael Keaton en 'Birdman'.
    Michael Keaton en ‘Birdman’. (© 2014 Twentieth Century Fox)

    Se pueden trazar paralelismos entre Keaton y Riggan porque ambos comparten un pasado en superproducciones e interpretando a superhéroes enmascarados, pero la cosa no va más allá de lo anecdotario. Además de lo divertido que es ver a Keaton con la máscara de Birdman puesta y hablándole con voz muy muy profunda (a lo Christian Bale) a Riggan cada vez que este álter ego del actor decide aparecer en la película para hacerle de consejero.

    Es difícil resumir Birdman en una sola línea argumental. Son muchas los temas que intenta abarcar este film, en la mayoría de casos con sutileza y mucho acierto. Pero más allá de las múltiples metáforas que la película hace sobre la fama o lo que significa ser actor y no un simple famoso; más allá de la idea de lo complicado e insatisfactorio que puede resultar a veces (o de hecho casi siempre) tener una profesión artística; o de los límites entre verdad y ficción a menudo imposibles de discernir… Birdman es ante todo un ejercicio estilístico.

    O tal vez es que la forma en la que González Iñárritu ha escogido para narrar Birdman junto a su director de fotografía, el mexicano Emmanuel Lubezki, es muy difícil de ignorar. Lubezki – que el año pasado nos regaló la dirección de fotografía del film de su también compatriota Alfonso Cuarón, Gravity – vuelve a superarse en Birdman gracias a un plano secuencia continuo que transcurre casi ininterrumpidamente durante toda la película.

    De hecho durante los primeros minutos del film es casi imposible no ser consciente de ese toma continuada, siguiendo la cámara en cada uno de sus movimientos mientras avanza por pasillos estrechos o baja escaleras detrás de un personaje y mostrándonos a otro. Queremos ver ese punto en el que, obligadamente, González Iñárritu tuvo que cortar la acción. El director trabajó con sus actores en esos planos secuencia perfectamente ensayados y coreografiados de muchos minutos de duración pero la verdad es que, salvo en alguna ocasión, es difícil adivinar en la película dónde se realizaron los cortes. Por suerte llega un momento en el que como espectador se puede dejar un poco de lado esa obsesión por intentar pillar al director y disfrutar de la historia.

    Las tomas continuadas hacen que las elipsis temporales y transiciones sean en realidad muy teatrales, algo que encaja perfectamente con la historia de Birdman. Sobre todo porque la mayor parte de la película se rodó en el interior del St. James Theatre de la zona de teatros de Manhattan.

    Aunque una de las secuencias más memorables del film viene con Riggan ataviado únicamente en ropa interior mientras atraviesa de noche un Time Square lleno como siempre de turistas. Es de los pocos momentos en los que Birdman consigue arrancar las carcajadas del espectador. Y ésa no es la única sensación completamente genuina que consigue provocar González Iñárritu con su último experimento cinematográfico.

    Las nominaciones al Oscar para el director de fotografía y director de este film deberían estar más que aseguradas y hay quien cuenta también con las muchas posibilidades para que Keaton se haga con su primera nominación.

    Michael Keaton, Alejandro González Iñárritu y el director de fotografía Emmanuel Lubezki en el teatro St. James donde se rodó 'Birdman'. ( © 2014 Twentieth Century Fox)
    Michael Keaton, Alejandro González Iñárritu y el director de fotografía Emmanuel Lubezki en el teatro St. James donde se rodó ‘Birdman’. (© 2014 Twentieth Century Fox)
    • Birdman se estrena en España el 9 de enero.

    Otros títulos con opciones a Oscar de este año:

    La muy gris pero interpretativamente excelente ‘Foxcatcher’

    Los 169 minutos de ‘Interstellar’

    Jake Gyllenhaal, los coyotes y ‘Nightcrawler’

    Crítica de ‘The Judge’ (‘El juez’)

    Crítica de ‘Fury’ (‘Corazones de acero’)

    ‘Boyhood’, ‘Sueño de invierno’, ‘Coming Home’ y las películas costumbristas y de relaciones del año

    Crítica de ‘Gone Girl’ (‘Perdida’)

    Con reserva en el hotel de Wes Anderson

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